Ingeniería social 1
La primera barrera contra los hackers no es, como seguramente crees, un buen programa antivirus. Puedes tener el mejor programa del mundo instalado en tu ordenador, pero los hackers pueden hackear tu mente. Y es lo más fácil y barato para ellos. Elegir contraseñas superfáciles tales como 1 2 3 4, tener la misma contraseña para todo, no fijarte si en una web pone http o https, etc, son maneras de facilitar la tarea a los hackers. Pero sobre todo no escribas tu contraseña o uses tu tarjeta de crédito cuando estés emocionado
Imagina que estás viendo la televisión o la pantalla de tu ordenador. Aparece una cantante muy famosa cantando. De repente, la cantante es sustituida por las imágenes de perros flacos, hambrientos y golpeados. Te emocionas. Vuelve a aparecer la cantante pero esta vez canta una canción triste sobre este tipo de perros. El mensaje es claro. La diferencia entre estos perros y unas cariñosas mascotas es una pequeña cantidad de dinero, de tu dinero, 10 o 20 euros de tu bolsillo. Y por último, aparece una imagen en la pantalla indicando cómo hacer una transferencia usando tu tarjeta de crédito.
¿Quién te asegura que el dinero que pones por una buena causa llega a su destino? Nadie.
Conclusión: cuanto más emocionado estás, más fácil es que caigas en este tipo de trampas.
Cuanto más emocionado estás, menos piensas racionalmente, más vulnerable eres.
Repite conmigo: La primera línea de combate contra los amigos de lo ajeno no es un buen antivirus, sino tu capacidad de sobreponerte a esos momentos de debilidad.
Hay otras maneras de actuar que usar nuestra tarjeta. Contacta con una asociación que recoge perros y gatos en tu ciudad, dales 10 o 20 euros, o mejor aún, dales una bolsa de alimentos de calidad para mascotas (tampoco sabes que va a hacer la persona a la que le entregas ese dinero con él). Mejor aún, colabora con tu trabajo limpiando los animales, limpiando sus jaulas o el patio donde juegan. Acaríciales, juega con ellos, relájate y disfruta de tu tiempo libre con estos perros. Entrega unas horas de tu tiempo cada semana.
El primer programa antivirus de tu máquina debe ser tu mente.
Otro caso más, este es real. Probablemente recuerdes que hace unos años alguien, lo más seguro procedente de Nigeria, te mando un e-mail, asegurando que había conseguido una fortuna pero, por alguna inexplicable razón, debía ingresar su fortuna en tu cuenta bancaria. No es necesario explicar que los hackers (o crackers) necesitan información para robar dinero. Y mediante trucos tan burdos como este, consiguen tu nombre, el número de tu cuenta y el banco donde está tu cuenta.
También han habido casos de llamadas telefónicas advirtiendo al usuario de que tiene un virus muy peligroso u otros bicho informático en su máquina y que debe descargar un programa para limpiar la máquina de todo el peligro. Pero lo que buscan esta gente no es limpiar tu ordenador o móvil de un supuesto peligro, sino tu cuenta bancaria.
Pero las técnicas psicológicas se van refinando y mejorando. En ocasiones puedes recibir un email de un amigo o un contacto que asegura que has sido hackeado pero el hacker se oculta detrás de la máscara de tu amigo. Pida lo que te pidas, no sigas las instrucciones.
¿Qué podemos hacer? Lo primera medida es tomar la precaución de no precipitarse. Dice el refrán que las prisas no son buenas consejeras. Tomate tu tiempo, respira hondo y sal a la calle a dar un paseo para oxigenar tu mente.
En segundo lugar, investigar. Lo más probable es que tú no seas el primero al que han intentado estafar. En algún lugar de internet estará registrada la estafa que te están intentando colocar.
En tercer lugar, ten precaución de los archivos adjuntos. Estos archivos son una excelente manera de distribuir esos bichos que nos arruinan la vida. Si recibes un correo con un archivo adjunto y en el texto te incitan a abrirlo, bórralo. Recuerda: la curiosidad mató al gato.
En cuarto lugar, nunca des tu contraseña. Por muy buena que sea, si la das a cualquiera, no sirve de nada. Tu banco nunca te pedirá tu contraseña.
Imagina que vas por la calle caminando y un desconocido te pide tu nombre, tu dirección y tu número de móvil. Naturalmente te enojarás y rechazarás la petición. ¿Por qué no reaccionas igual y te niegas a dar tus datos por internet?
Los hackers buscan atacar tres sentimientos que todos tenemos: la codicia, la pena y la curiosidad.
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